Paz Bascuñán: “irse también es una forma de quererse”
Un viaje que prometía romance terminó convirtiéndose en una lección de intuición, límites y valentía. Todo comenzó cuando Paz Bascuñán estaba en un avión que venía desde Europa a Sudamérica. Durante el vuelo, una conversación casual entre con un desconocido derivó en risas, complicidad y una invitación inesperada al bajarse. Él era un Argentino y el plan parecía sacado de una película: reencontrarse en Buenos Aires y viajar juntos a Colonia, en Uruguay.
Las expectativas eran altas. Paz imaginó que podía estar frente al amor de su vida. Sin embargo, la fantasía se desmoronó apenas subió al ferry. Comentarios incómodos, juicios innecesarios y una seguidilla de microagresiones encendieron las alertas. Lo que parecía una aventura romántica se transformó rápidamente en una experiencia decepcionante. Esa misma noche, ella tomó una decisión clara: “esto no funcionó y mañana me voy”.
Decirlo no fue fácil, pero fue necesario. Con una maleta pequeña y muchas dudas, regresó sola a Buenos Aires: “irse también es una forma de quererse”. Lejos de quedarse paralizada, recurrió a un recuerdo de infancia: una amiga que había conocido a los once años. Buscó su nombre en una antigua guía telefónica, hizo una llamada improbable y logró reencontrarse con ella más de una década después. Ese gesto espontáneo cambió el rumbo del viaje y confirmó que confiar en el instinto también abre puertas inesperadas.
La historia de Paz Bascuñán refleja algo más profundo que una anécdota amorosa. Habla del miedo a viajar sola, del FOMO (el temor a perderse experiencias) y de la presión por decir que sí, incluso cuando algo incomoda. Pero también habla del alivio que llega cuando una se escucha a tiempo, pone límites y se permite soltar.
A veces, irse no es fracasar. A veces, irse es la decisión más valiente. Y en ese acto, lejos de perderse algo, una se encuentra consigo misma.