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No todo parte de cero: cómo enfrentar el año sin exigirse de más

No todo parte de cero: cómo enfrentar el año sin exigirse de más
Erika Flores
Erika Flores

Cada comienzo de año instala una idea casi obligatoria: todo tiene que mejorar. Las redes sociales se llenan de frases motivacionales, rituales exprés y promesas de felicidad inmediata. Sin embargo, esa presión por “partir de cero” muchas veces genera más angustia que alivio. Frente a ese escenario, la psicóloga Marisol Sagredo invitó a replantear la forma en que enfrentamos el cambio de año y nuestras propias expectativas.

La especialista explicó que muchas personas depositan el bienestar en factores externos, como el horóscopo, el número del año o la “energía” que vendrá. Desde la psicología, eso se conoce como locus de control externo: creer que las cosas mejoran solas, sin que medien nuestras acciones. Marisol propuso cambiar esa lógica y asumir que un año no es bueno o malo, sino fácil o difícil, según cómo enfrentamos lo que ocurre.

Mirar el año como “difícil” permite reconocer avances personales: terminar una relación dañina, aprobar ramos complejos, reinventarse tras perder un trabajo o simplemente resistir. Esa mirada devuelve la responsabilidad y fortalece la autoestima, porque pone el foco en lo que sí se logró, incluso en medio del dolor.

La conversación también abordó el impacto de las redes sociales, donde las comparaciones constantes distorsionan la realidad. Ver logros ajenos, viajes y celebraciones puede generar la falsa sensación de estar siempre en desventaja. Por eso, Marisol recalcó la importancia de medirse con metas propias y no con la vida editada de otros.

En cuanto al duelo, la psicóloga fue clara: no se termina con el cambio de calendario. El duelo se transita, se siente y se respeta. Negarlo o apurarlo solo prolonga el dolor. Aceptar la pena, crear rituales personales y pedir ayuda cuando el proceso se estanca resulta clave para sanar.

Finalmente, Marisol destacó pequeños hábitos cotidianos que marcan la diferencia: hablarse con cariño, sonreír al espejo, agradecer lo que sí funciona y construir rutinas de descanso. Acciones simples que, sostenidas en el tiempo, permiten enfrentar el año con mayor conciencia, realismo y compasión hacia uno mismo.