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La gratitud: un golpe “vitamínico” invisible para tu sistema nervioso

La gratitud: un golpe “vitamínico” invisible para tu sistema nervioso
Damaris Castro
Damaris Castro

No es solo un cliché de autoayuda: sentir y expresar gratitud realmente transforma nuestro cuerpo y nuestra mente. Y aunque suene a magia, la explicación está en algo mucho más terrenal: nuestro sistema nervioso.

Cómo poner en práctica la gratitid

Cuando practicamos la gratitud —ya sea agradeciendo a alguien por un gesto, reconociendo lo bueno en nuestra vida o simplemente valorando las pequeñas cosas— activamos una serie de respuestas biológicas que nos ayudan a vivir más tranquilos y felices. El cerebro interpreta estos momentos como señales de seguridad y bienestar, lo que reduce la producción de hormonas del estrés como el cortisol.

Este cambio químico es una caricia para el sistema nervioso. Al bajar el nivel de estrés, el ritmo cardíaco se estabiliza, la respiración se vuelve más profunda y los músculos dejan de estar en modo “alerta roja”. En palabras simples: dejamos de sentir que estamos corriendo una maratón emocional.

La gratitud también fortalece el nervio vago, una especie de autopista de comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo, clave para regular emociones, digestión y hasta el sistema inmune. Cuanto más ejercitamos esta “musculatura emocional” con pensamientos y acciones agradecidas, más fácil se nos hace mantener la calma frente a desafíos y no caer en espirales de ansiedad.

Además, tener una actitud de gratitud cambia nuestra forma de ver la vida. El cerebro, al repetirse el hábito de identificar lo positivo, empieza a “reprogramarse” para notarlo con más facilidad. Es como si ajustáramos la cámara mental para enfocar lo que nos hace bien en lugar de quedarnos pegados en lo que nos agobia.

La buena noticia es que no necesitas grandes rituales ni más tiempo del que ya tienes. Puedes empezar con algo tan simple como anotar cada noche tres cosas por las que te sientas agradecida, decir “gracias” con más intención o detenerte un momento a respirar y reconocer lo bueno en tu día.

Tu sistema nervioso lo notará

Dormirás mejor, tu mente estará más clara y tus reacciones emocionales serán más equilibradas. Y, aunque los problemas de la vida no desaparecen, los enfrentas con más fortaleza y menos desgaste.

Porque al final, la gratitud no es solo un sentimiento: es una forma de entrenar a tu cuerpo y a tu mente para vivir con más paz y plenitud.