El origen oculto de las fondas: de tabernas clandestinas a tradición nacional
Las fondas representan hoy uno de los símbolos más potentes de las Fiestas Patrias en Chile, pero su origen se remonta a espacios clandestinos y rebeldes. Mucho antes de transformarse en locales familiares con cueca, empanadas y juegos típicos, las fondas nacieron como tabernas improvisadas donde el pueblo celebraba sin restricciones.
En la época colonial, los sectores populares levantaban chinganas en los márgenes de las ciudades. Allí la gente bebía chicha, cantaba décimas y bailaba zamacueca, la danza que luego daría paso a la cueca. Las autoridades intentaban frenarlas, pero los vecinos las mantenían vivas como espacios de encuentro y expresión mestiza, lejos del control de la élite.
Con el paso del tiempo, esas chinganas evolucionaron hacia las primeras fondas dieciocheras. A mediados del siglo XIX, las calles de Santiago y Valparaíso se llenaban de ramadas adornadas con ramas de eucalipto. El pueblo organizaba celebraciones con música, juegos de azar y platos criollos. La aristocracia criticaba estas reuniones por considerarlas desordenadas, pero las fondas seguían creciendo y ampliando su alcance.
A comienzos del siglo XX, los municipios regularon su instalación y las incluyeron en las festividades oficiales del 18 de septiembre. Esa decisión transformó las fondas en espacios familiares y masivos, lo que consolidó su lugar en la cultura popular. Desde entonces, los chilenos celebran la independencia en ramadas que reúnen a personas de todas las clases sociales.
Hoy, las fondas mantienen la esencia de las antiguas chinganas. La música, el baile y la gastronomía típica siguen convocando a miles de personas en ciudades y pueblos de todo el país. Lo que alguna vez nació en la clandestinidad, se convirtió en una tradición nacional que cada año revive la identidad y la memoria colectiva de Chile.
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