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Desapego para recibir: el poder de abrir las manos

Desapego para recibir: el poder de abrir las manos
Erika Flores
Erika Flores

Pedro Engel nos entrega un profundo consejo: En muchas tradiciones espirituales, el desapego no se entiende como una pérdida, sino como una forma elevada de sabiduría.

Es el arte de dejar ir sin dolor, de soltar sin miedo, y de confiar plenamente en que lo que es auténtico permanecerá, y lo que debe irse abrirá espacio para algo nuevo y mejor.

En la naturaleza, este principio es evidente: los árboles en otoño sueltan sus hojas con naturalidad. No luchan por retenerlas, simplemente se rinden al ciclo de la vida.

Así también el ser humano está llamado a aprender a despedirse: de personas, situaciones, trabajos, vínculos o ideas que ya no nutren su crecimiento.

El apego, por el contrario, nace del miedo: miedo a perder, a quedarse solo, a no tener el control. Pero esa necesidad de retener, de dominar o de aferrarse a lo conocido, genera sufrimiento y encierra al alma.

El desapego, en cambio, es confianza pura en la sabiduría de la vida. Es abrir las manos —literal y simbólicamente— y permitir que lo que debe quedarse, lo haga con libertad, y que lo que debe irse, lo haga con gratitud.

La práctica del desapego implica también soltar las expectativas, esas proyecciones mentales que muchas veces se convierten en la fuente de nuestras mayores decepciones.

Amar sin esperar, dar sin exigir, vivir sin controlar. Cuando soltamos la necesidad de que las cosas sean como imaginamos, comenzamos a vivir con más plenitud.

Espiritualmente, el desapego es sinónimo de vaciarse para recibir. Cuando uno está lleno de expectativas, miedos o deseos, no hay espacio para lo nuevo.

Pero cuando uno se vacía —emocional, mental y energéticamente—, la vida puede fluir libremente, trayendo lo que realmente necesita el alma.

Por eso, en el camino espiritual, desapegarse no es renunciar al amor, sino amarlo más libremente. No es desinterés, sino libertad interior.

No es huir, sino confiar en que la divinidad cuida cada detalle de nuestro viaje, y que todo lo que llega o se va tiene un propósito mayor.

Soltar es un acto de fe. Es recordar que nada nos pertenece realmente, y que cada encuentro, cada experiencia y cada despedida es parte de un plan más amplio, lleno de sentido.

El desapego, en última instancia, nos conduce a la paz profunda, a esa serenidad que nace de saber que todo está bien tal como es.

Revisa este especial mensaje de Pedro Engel. Prende la tele y sintoniza TV+, Canal 5, ¡Vamos por más!